"Autobiografía", Damián Boggio




"Te doy"

Te puedo dar
una voz desafinada,
una melodía inconclusa,
un esfuerzo y una mirada.
Te puedo dar
un cuerpo flaco y cansado
oscuro de olvidos y esperas,
momentos de sol y de paciencia.

Te puedo dar
algunas pocas palabras
que escribo siempre en la nada,
el verso que guardo en mi almohada.
Te puedo dar,
lo que no fui pero quise,
lo que busco y que no encuentro, 
fracasos y algún que otro anhelo.

Buenos Aires – 1994.

- "Autobiografía", por Damián Boggio

"Llegó a mi vida para quedarse. Yo tenía quince años y era como cualquier chico de esa edad: vivía con mis padres, iba al colegio, escuchaba "Radio Bankog", veía el "Súper Agente 86" por televisión y tenía, como debía ser, "Rockas vivas" de Zas y "Los abuelos del nada en el Ópera". Lo cierto es que yo era inexperto y no sabía como tocarla, como acariciarla. Por esa época recuerdo que me gustaban las canciones de Sui Generis y el mundo, para mí, no se extendía más allá del colegio, mi familia, mi perro, mis amigos y la mina que me volvía loco y que llegó a considerarme su mejor amigo. Ya para ese entonces escribía demasiado y me animé con los primeros acordes.

El tiempo pasó y cumplí 16, 17 y después más y nuestra relación fue creciendo de manera tal que ella fue haciéndose fundamental en mi vida. Eso me alejó un poco de mis amigos ya que muchas veces prefería su companía a la de los demás, muchas madrugadas las pasábamos nosotros dos solos. No importaba el estado anímico que tuviera en ese instante y no iba a ningún sitio sin ella. Incluso había sábados en los que no salía a bailar con tal de quedarme a su lado. Fuimos y volvimos juntos a Bariloche, venía conmigo a todas las reuniones o viajes que duraran más de un día y para cuando terminé 5º año ya teníamos una cuantas canciones en un cuaderno ordenadas de acuerdo a la fecha en que fueron concebidas. Fue para ese tiempo que a mi mundo ya habían llegado las mujeres, la cerveza, los primeros cigarrillos, etcétera, etcétera...

Después seguí cumpliendo los veintitantos y atrás quedaron los años del Conservatorio, las clases de teatro, los papeles que no fueron, pilas de poesías, el recuerdo de la mujer que se pierde en el tiempo, en el cuerpo, la ida a vivir solo, las actuaciones buenas y las malas, los viajes a la Patagonia, mochilas, frío, panqueques, las cosas que no se olvidan. Ya en mi vida se habían instalado la chacarera junto al rock, la desesperación por ir a bailar tango, los poemas de Whitman, las películas de Woody Allen, la música de Spinetta y de Piazzolla, la disconformidad frente a muchas cosas que se olvidan y que no, los viejos como única religión posible, los ojos de quien siempre me espera. Por suerte todavía pasan, cuando ya no tienen que pasar, al "Súper Agente 86" y a "Los tres chiflados" por televisión y por desgracia  no tuvieron mejor idea que hacer hablar a "La Pantera Rosa".

De todos modos ella sigue siendo fundamental en mí. Tal vez por sus formas, tal vez por arrancar lo mejor y lo peor de mí, por llevarme a los sitios que sólo ella conoce. Siempre ahí, compañera, soldado, mi último recurso frente al olvido, al vacío, al hastío. Mi confidente, musa y delirio. Siempre ahí, mi guitarra."

-De "Autobiografía"
Universidad de Buenos Aires - Taller de escritura 1 - Comisión 7
1998




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